CONOCE LAS CALLES FANTASMA DEL MUNDO

CALLES FANTASMA



"Sin vértigo. Sin prisa. Sin compasión ninguna. En sólo cuatro años la hiedra y la carcoma han destruido el trabajo de toda una familia y todo un siglo. Y ahora avanzan en busca de esas últimas sustancias que aún sostienen el peso y la memoria de la casa". Éste es un fragmento de la novela La lluvia amarilla, del autor Julio Llamazares, en el que un pastor expresa su melancolía como último habitante de un pueblo de los Pirineos españoles que ha sido abandonado por sus moradores, y es testigo de la lenta descomposición de las casas. Como la anterior, hoy en día existen miles de historias alrededor del mundo en que pequeñas o grandes urbanizaciones son afectadas por las circunstancias económicas y otros factores, como guerras, epidemias o desastres ocasionados por la naturaleza, lo cual ha obligado a las personas a buscar un mejor destino, dejando la infraestructura urbana a su suerte, que va conformando una especie de ruinas modernas.

El tema de las ciudades o pueblos desiertos es muy antiguo. En su obra Geographica, el filósofo e historiador romano de origen griego Strabo (63 - 24 a.C.) cita a Aristobulo de Cassandrea, quien aseguró haber visto en la península indostánica "un país con más de mil ciudades con todo y villas, que habían sido abandonadas", esto porque los habitantes tuvieron que dejar el lecho de un río cuya creciente los había inundado (Libro XV, 19), para instalarse no muy lejos de ahí. Strabo también hace referencia a otras ciudades griegas en la misma condición, afectadas por el hundimiento debido a ríos subterráneos y terremotos. Desde entonces se tenía conciencia de los diversos motivos que orillaban a los habitantes a dejarlas, y las ruinas han tenido destinos significados de acuerdo con la época. A mediados del siglo XIX los románticos veían en ellas una estética ideal para inspirarse. En la Alemania nazi, el arquitecto Albert Speer acuñó el termino 'valor de ruina' para referirse a las construcciones que podían ser reforzadas para que persistieran en los siglos como símbolos de una época de gloria, al igual que el Coliseo romano. En el siglo XXI los exploradores urbanos, armados con cámaras fotográficas, pasean entre viejas edificaciones en busca de aventuras controladas.

El final

El arquetípico pueblo fantasma nos remite a las villas abandonadas del Viejo Oeste estadounidense, cuya vida se vio cortada cuando las condiciones económicas las asfixiaron. Tan sólo en el estado de Nevada, E.U.A., donde se estima existen 600, todas ellas tuvieron su auge durante la fiebre del oro a finales del siglo XIX y principios del XX, pero éste se terminó al agotarse las vetas. Otros cientos de poblados se extinguieron en aquel país tras la Gran Depresión de 1929, y la misma suerte han corrido otras poblaciones alrededor del mundo por culpa de la economía, desde las ciudades periféricas fronterizas de la antigua Unión Soviética hasta los pueblos del interior de México que han quedado con el mínimo de habitantes, dado que muchos de ellos prefirieron emigrar a Estados Unidos.

Las catástrofes naturales también han jugado un papel decisivo cuando se trata de causar la evacuación de las poblaciones. Un ejemplo reciente lo encontramos en la ciudad de Beichuan, donde 80% de la infraestructura quedó destruida, y el resto en tan malas condiciones que la población sobreviviente tuvo que ser relocalizada a las ciudades aledañas. Existe en este tema una categoría particular, referente a las poblaciones que tuvieron que ser deshabitadas debido a la construcción de presas, quedando inundadas para siempre; por ejemplo, la sequía de 2012 hizo que los niveles de agua descendieran en algunas presas de Sinaloa, dejando al descubierto casas e iglesias de antiguos poblados como El Mahone o El Toro.

El Mahone
Por otro lado, el desalojo de la población por circunstancias bélicas ha sido una constante a lo largo de la historia, que aún persiste en la época moderna debido a las distintas guerras interétnicas en África, los Balcanes, el Cáucaso y Medio Oriente.

Resurrección

La ironía detrás de estos abandonos es que algunos llegan a tener una especie de 'segundo aire' gracias al turismo. El ejemplo clásico es el pueblo de Real de Catorce, en San Luis Potosí, que anualmente recibe la visita de 30,000 personas, entre turistas y peregrinos, quienes visitan el templo de San Francisco de Asís. El recurso de declarar estos sitios como patrimonio cultural es bastante recurrido, como sucedió con el pueblo de Kayaköy, en el sureste de Turquía, otrora una floreciente comunidad griega de 500 casas fue desocupada en 1923 y ahora convertida en museo y monumento, o el pueblo fantasma de Indiana, Columbia Británica (CB), Canadá, adjunto a un parque nacional histórico. Otra perspectiva interesante en esta clase de revitalización es la que toman en algunas iniciativas culturales o inmobiliarias: en España, en la comunidad autónoma de Aragón, una sociedad civil compró un pueblo fantasma del Pirineo de Huesca, para convertirlo en una 'ecoaldea' que pretende ser autosuficiente, conformando una especie de cooperativa; el antiguo pueblo minero de Kitsault, en la provincia de CB, fue desalojado en 1979 por la empresa que lo financiaba, sin embargo hace algunos años fue comprado por un emprendedor, quien planea convertirlo en un destino ecoturístico aprovechando el hermoso paisaje que lo rodea. En aquella misma provincia canadiense se pueden encontrar más de mil pueblos fantasmas y cerca de 10,000  en todo aquel país.
Kayaköy
Pero no todos corren con la misma suerte, la mayoría de estas villas o ciudades están inevitablemente condenados al olvido; en algunas ocasiones han existido pueblos que apenas alcanzaron la tercera generación de habitantes, para después ser borrados de los mapas y de la memoria humana.

Kolmanskop (Namibia)

En 1908 se convirtió en una pequeña aunque floreciente comunidad de mineros alemanes al sur de Namibia, África, quienes explotaron la zona en busca de diamantes. El lugar tuvo todos los servicios modernos, incluso escuelas, teatro, fábrica de hielo, el primer tranvía del continente africano y un hospital, que llegó a contar con la primera máquina de rayos X del hemisferio sur. Pero después de la Primera Guerra Mundial, comenzó una lenta agonía debido a que la mina se agotó, hasta quedar por completo abandonada a mediados de la década de 1950. Desde entonces poco a poco las arenas del desierto de Namibia han invadido al poblado, de manera que algunas casas y edificios  se asoman en medio de dunas, lo que le brinda un aspecto surrealista. Este peculiar hecho lo ha convertido en un solicitado destino turístico, aunque se necesita permiso especial para entrar a la zona; incluso el escenario se ha prestado para filmaciones de algunas películas y series de televisión.

Prypiat (Ucrania)

Es quizá la ciudad abandonada más conocida del mundo, debido a la trágica circunstancia que la rodea. Alguna vez fue un hogar de las familias de los trabajadores de la planta nuclear  de Chernobyl, sin embargo su vida dio un vuelco cuando en 1986 una serie de explosiones  en el reactor provocaron su evacuación.  Fue tal la premura de sus 50,000 habitantes por salir del área para evitar los estragos de la radiación, que apenas se llevaron lo indispensable; dejaron muchas de sus pertenencias dispersas. El lugar se convirtió en una especie de capsula del tiempo como testimonio de la era soviética.

Ubicada en el centro de una zona de exclusión de 30 kilómetros, cuyos bosques se han convertido en una reserva ecológica en recuperación, actualmente se le puede visitar por unas cuatro horas y con guías asignados -por supuesto, con los debidos permisos gubernamentales-. Muchos de los antiguos habitantes conmemoran la tragedia realizando una visita anual a lo que quedó de sus casas y calles, deteriorados por el clima y devorados por la vegetación.


Kadykchan (Rusia)

Tras la caida de la Unión Soviética en diciembre de 1991, muchas ciudades pequeñas en los rincones más remotos del país vieron sus días contados. Tal fue el caso de Kedykchan, localizada en la provincia de Magadan Oblast, al extremo este de Rusia. Dedicada a la extracción de carbón, la interrupción de suministros del exterior debido a la crisis desatada por la culminación del sistema político, la dejó sin servicios básicos durante largas temporada; esto provocó el lento éxodo de sus habitantes, quienes en muchos casos dejaron en sus casas buena parte de sus pertenencias personales, desde libros y ropa hasta coches, quizá con la idea de regresar algún día. La clausura de la mina tras un fatal accidente en 1993 selló de manera definitiva su suerte. Para el 2012, sólo un hombre y sus dos perros eran los únicos habitantes que quedaron entre los edificios de departamentos vacíos.

Oradour-sur-Glane (Francia)

Entre los crímenes que cometió el ejército nazi en su invasión a Francia durante la Segunda Guerra Mundial, la masacre de civiles del pueblo de Oradour-sur-Glane ocupa un lugar especial en la infamia. En represalia por el asesinato de varios oficiales por parte de la Resistencia francesa, las tropas de Hitler ejecutaron sumariamente a los 642 habitantes de esta localidad, hombres, mujeres y niños, y la incendiaron. Los escombros que quedarón aún pueden observarse, pues han sido conservado como una especie de monumento para conmemorar a las víctimas de ese atroz crimen.

Gunkan-jima (Japón)

A lo lejos parece un barco destructor de la Marina, pero en realidad se trata de una isla. Es Hashima, también conocida como Gunkan-jima, literalmente "barco de guerra", perteneciente al archipiélago de la prefectura de Nagasaki, a 15 kilómetros de esta ciudad, en las aguas del mar del Este de China. Al descubrirse en la década de 1870 yacimientos de carbón, poco a poco fue poblada por mineros y sus familias, instalándose en ella de manera que en la década de 1910 ya se habían construido murallas de concreto para la protección de huracanes, y bloques de edificios de departamentos de nueve pisos -los más grandes de Japón en ese entonces-. Si bien los habitantes vivían prácticamente hacinados (835 por hectárea), contaban con toda clase de servicios y distracciones. Sin embargo, la baja demanda de carbón hizo que el lugar fuera finalmente clausurado en 1974, y sus habitantes enviados a tierra, Ahora el sitio tiene un especial atractivo para fotógrafos y exploradores urbanos, quienes desafían las restricciones para visitantes -es una propiedad privada-, y ha sido utilizado como escenario para algunas películas.

Villa Lago Epecuén (Argentina)

Desde el siglo XIX se decía que las aguas salinas de la laguna Epecuén, en la provincia de Buenos Aires, tenían propiedades terapéuticas, convirtiéndose en un destino turístico con un promedio de 25,000 visitantes durante el verano austral. Pero las constantes lluvias y una mala planeación hidráulica provocaron que el lago se desbordara en noviembre de 1985 inundando la ciudad, donde el nivel de las aguas subió cinco metros, y aumentó poco a poco hasta alcanzar los 10 metros en 1993. Los 1,500 habitantes tuvieron que evacuar, sin la menor esperanza de volver. Aunque el nivel de la laguna ha bajado de manera paulatina recuperando su cauce natural, la zona ha quedado devastada, ofreciendo un espectáculo fantasmagórico dado los rastros de salinidad impregnados en las casas y vegetación aledaña.




Agdam (Azerbaijan)


La región de Nagorno Karabaj, en el sur del Cáucaso, fue el centro de una disputa entre las repúblicas de Armenia y Azerbaijan, en la que afloraron viejas rivalidades étnicas. En 1993 las tropas armenias vandalizaron la ciudad de Agdam, considerada centro estratégico enemigo, obligando a huir a los 150,000 habitantes hacia el interior de Azerbaijan e Irán. Hoy está convertida en una zona desmilitarizada en poder de Armenia, y está prohibido el paso al interior. Su equipo profesional de fútbol, el FK Qarbag, cuyo entrenador de entonces murió durante el conflicto, aún juega en la liga profesional de su país, y es considerado un símbolo del éxodo azerbaijano y su resistencia.

Varosha (Chipre)

Se trataba de un gran distrito turístico mediterráneo en boga, ubicado en el puerto de Famagusta, al este de Chipre. En 1974 el ejército turco invadió aquella isla-nación, y tomó posesión desalojando por la fuerza a sus 45,000 habitantes. Tras cercarlo y restringir el paso, esta sección de la ciudad fue condenada al olvido debido a la negligencia intencional del gobierno de Turquía. Tras décadas sin recibir mantenimientos, las docenas de grandes hoteles, edificios de departamentos y miles de casas están a medio camino de convertirse en ruinas por la acción de los elementos naturales.


Centralia (Pennsylvania)

En 1962 los habitantes de esta comunidad minera estadounidense notaron que un extraño olor invadía el ambiente. Se descubrió que había iniciado un incendio al interior de una mina de carbón abandonada y generaba grandes cantidades de monóxido de carbono. Los intentos de los bomberos por controlar el fuego fueron inútiles, y así permaneció consumiéndose por décadas. En 1981 se supo que las galerías subterráneas incrementaban el volumen de gases tóxicos, emanando desde boquetes que se abrieron en distintas partes del pueblo. Entonces se decidió evacuar a la población de 1,500 personas, para el 2012 menos de 10 habitan los alrededores, quienes se niegan a abandonar sus terrenos.

 Distrito de Fukushima (Japón)

De manera similar a Prypiat, este distrito japonés se vio en el centro de la atención mundial en 2011 tras la fuga de yodo y cesio radioactivos de la central nuclear adyacente (Daichii, 'número dos'), lo que obligó a la evacuación de los 90,000 habitantes que residían en un radio de 20 kilómetros. En el momento se declaró que los edificios ubicados en esta zona, entre los que se encuentran las ciudades de Futuba y Okuma, serán inhabitables al menos durante los siguientes cinco años.

Kijong-dong (Corea del Norte)

Al norte de la zona desmilitarizada entre las dos Coreas se erige una ciudad modelo diseñada por las autoridades. El comunicado oficial asegura que en esta enorme granja colectiva viven 200 familias, y cuentan con todos los servicios, siendo ello un reflejo del inmejorable nivel de vida que ofrece el régimen. Pero la urbe se construyó en la década de 1950, posiblemente como propaganda para convencer a los rivales de las ventajas que ofrecía el gobierno comunista. Desde entonces, a juzgar por las observaciones hechas a la distancia, se sospecha que en realidad nadie habita en ella -por ejemplo, las ventanas de los edificios de departamentos no tienen cristales-. Algunas luces se encienden durante las noches, quizá por los guardias que vigilan, sin embargo en realidad no se registra movimientos en sus calles o ruidos de su población.

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