Matemáticas y poesía

Siempre he tenido una extraña relación con las matemáticas, no es que las odie, pero nunca me he considerado particularmente hábil en ellas (más bien sí algo pésimo), pero al mismo tiempo las admiro con fervor.

Y no me refiero a matemáticas sólo como números y ecuaciones, sino al pensamiento racional en general, a las leyes que hacen posible la creación de instrumentos, edificios, aviones y tecnologías que tanto nos gustan, ¿me entiendes?

Así que repudio completamente esa tendencia de la posmodernidad, que menosprecia las artes exactas de la técnica y  la lógica, cuando en realidad se trata de que no las comprende.

Quizá la escuela ayudó un poco, con sus exámenes que prueban la capacidad del pez para escalar arboles; su sistema de competencia, premio-castigo; y todas esas letras y fórmulas memorizadas a rajatabla, del libro al examen. Para los que no fuimos muy hábiles en eso, tal vez hubiera sido más práctico enseñarnos a construir cosas, a mirar los números como instrumentos de juego. Qué se yo. Pero que no nos enseñaran sólo el cadáver de las ciencias, sino sus formas vivas.

Las matemáticas son un tedio para la generación de las redes sociales, y a menudo se quejan de ello; pero sí que aman Tumblr, Instagram, Snapchat, etc; como si internet no funcionara no con algoritmos matemáticos; como si las redes inalámbricas no fueran posibles gracias a la comprensión del átomo; como si en la construcción de los teléfonos inteligentes no estuvieran involucrados ingenieros.

Como si la ciudad entera hubiera sido levantada de forma empírica, con pura buena (o mala) suerte.

Cierto es que existe un problema con el progreso, porque este a menudo pone a la economía por adelante del sentido común, del hombre y su medio ambiente. Pero esto es un problema no de ciencia, sino de humanidad.




No sólo los poetas pasan hambre, también el hombre de ciencia suele ser la puta de un sistema calculador: ha de emplear su intelecto para crear valor de mercado.

Existen hoy en día los medios suficientes para erradicar la enfermedad o el hambre, pero eso sería una catástrofe para el engranaje económico, engrasado con la carencia de unos y la desmedida opulencia de otros. A menudo resuelven necesidades, pero como un valor agregado, un plus en el negocio perfecto.

Te doy - me das. Una ecuación simple. Las matemáticas del progreso.

Las manos del poderoso se cierran también para el hombre de ciencia. Pero ellos también sueñan con utopías: poesía hecha números.

El lenguaje busca realidades ocultas y a menudo lo hace a través de metáforas y recursos que ahondan en lo incomprensible, en lo abstracto de la fantasía, pero que pasan luego a la realidad palpable de las figuras retoricas plasmadas en papel.

Las matemáticas hacen lo propio, con números y letras que abstraen un significado existente en el plano de lo inmaterial y lo plasman luego en la superficie tridimensional de una pizarra; luego un láser, un motor, un chispazo, un átomo desnudo.

Me gustaría un día poder escribir poesía tan bella como ese famoso E=MC², de Einstein.

Dicen que Dios es matemático; ergo Dios ha de ser también poeta.


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