Hoy tuve un mal día

Cierto día tuve una serie de eventos desafortunados durante mi quehacer cotidiano, o dicho más casualmente: tuve un mal día. Mi teléfono aquella mañana no activó la alarma, pues alguien muy idiota lo programó a las 6:00 PM. Con una hora de retraso salí de mi casa. Aunque dio igual. Me despidieron del trabajo ese día, pero no por mi desempeño, o por haber llegado tarde (aunque quizá eso influyó) la empresa pasaba por una reestructuración y yo no era precisamente imprescindible para ellos. Tampoco fui el único en ser despedido, como si eso fuera algún consuelo.

Cuando iba de camino a casa, preocupado porque no fuera a arrollarme un camión, para el colmo de mis males, me vino a la mente una frase que escuché no sé dónde ( o no sé dónde no): no hay mal que por bien no venga. ¿Entonces, tampoco hay bien que por mal no venga? Pensé; o es que sólo adaptamos las circunstancias a nuestra conveniencia. Y si así fuera, ¿qué habría de malo en ello? A fin de cuentas, tenemos que encontrar la forma de no volvernos locos en esta vida que corre como un tren desbocado. En todo “mal” hay un “bien” oculto, y viceversa. Quizá sea sólo cuestión de percepción, de cuán afinados estén nuestros sentidos; quizá el bien es como un susurro perceptible sólo para aquel que sabe escuchar y el mal existe sólo para el ciego que no lo mira a su alrededor y no tiene tiempo de huir de él. Aunque lo más probable es que ambos supuestos sean falsos. Qué sé yo. Quizá todo sea cuestión de adaptarse, como el loto que florece en el fango, o el sándalo que perfuma el hacha que lo hiere.

En ese momento comenzó a llover. Sí, la lluvia – pensé – es justo lo que me faltaba. Y es también justo como la lluvia: mal clima para unos, bendición del cielo para otros. Cuestión de perspectivas. El sonido del agua golpeando los tejados y el olor a tierra mojada despertaron mi apetito por el dulce aroma y el tibio sabor de un buen café. Giré en la esquina y me dirigí a la cafetería más cercana.

El cielo tronó. En ese momento me topé a una mujer que corría por la acera, intentando refugiarse de la lluvia, aunque inútilmente, según vi, pues estaba ya completamente empapada; llevaba una carpeta que intentaba cubrir a toda costa. Detuve a la mujer y ofrecí cubrir sus papeles importantes con mi chaqueta. La invité a tomar café conmigo, mientras pasaba la lluvia.

“He tenido un día terrible”, me dijo esa vez.

Así es como nos conocimos, hoy llevamos cinco felices años de casados, lo cual no me habría sucedido de haber tenido un “buen día” en aquella ocasión.





Share this:

ABOUT THE AUTHOR

Hello We are OddThemes, Our name came from the fact that we are UNIQUE. We specialize in designing premium looking fully customizable highly responsive blogger templates. We at OddThemes do carry a philosophy that: Nothing Is Impossible

1 comentarios:

  1. Todo es cuestión de perspectiva, que bello, difícil de apreciar algunas veces, pero todo es cuestión de perspectiva, me ha gustado mucho.

    ResponderEliminar